Existieron en Adeje unos lavaderos públicos en los que las mujeres, además de lavar y desinfectar la ropa, se encontraban con las vecinas, y el trabajo se hacía más llevadero, además de ‘mentidero’ donde se enteraban de las noticias del pueblo. En el Archivo Histórico Municipal se encuentra el expediente de creación de estos lavaderos, fechado en junio de 1936. El solar donde se construyeron estaba situado en el camino de los molinos, en la parte alta del pueblo. Se proyectaron veintiocho lavaderos y cuatro fogones con otras tantas calderas cuyo objeto era el de la desinfección de las ropas y también el colado de la lejía. La ventilación se hacía a través de ventanas en la cubierta, por donde penetraban los rayos del sol. La construcción era a base de sillares de roca caliza que existe en la localidad para los muros y cubiertas. El resto de la obra se realizó en hormigón con carpintería metálica.
De los lavaderos públicos se conserva la cruz que vemos en lo alto del estanque anexo, la cual fue instalada tras el fallecimiento de un vecino del municipio a causa de un accidente en dichos lavaderos. Estos lavaderos estuvieron funcionando hasta finales de los años 60 del siglo XX, momento en el que fueron derribados y se llevó a cabo la construcción del estanque.
En Adeje el agua transcurría por una acequia labrada en el suelo, procedente del Barranco del Infierno. Esta atravesaba el pueblo de norte a sur. En ella acostumbraban las mujeres a lavar la ropa y otros enseres, surtiéndose directamente de ella y a su voluntad para atender a las necesidades del consumo doméstico. Asimismo, fueron colocadas cuatro fuentes públicas, convirtiendo el rumor del agua en el sonido característico del pueblo.

