Retener y almacenar el poco de agua que podía conseguirse, sobre todo en estos pagos del sur de la isla, donde no llegan los húmedos alisios del Atlántico, suponía una prueba de ingenio y trabajo y se convertía en el principal objetivo de los grupos poblacionales de la comarca. Los aljibes de las casas, e incluso los públicos, junto con los depósitos de agua forman parte de la infraestructura hídrica del paisaje insular. Una relación que determinaba las posibilidades de desarrollo o de empobrecimiento de las poblaciones, al depender del agua para la subsistencia y para la producción agrícola. Por ello, la cultura del agua en las Islas Canarias aporta elementos singulares que fueron fruto de la inventiva y de los escasos recursos técnicos y materiales del propio territorio. Este depósito que observamos, construido en planta circular con muros de piedra y enfoscado con mortero de cal en el exterior, llama la atención principalmente por la forma de cono de su cubierta. Tiene una sola ventana y recibe el agua gracias a todo un entramado de canalizaciones que traen ese líquido de vida desde su manantial de origen, hasta el depósito. A pesar de la baja calidad de los materiales con los que fue construido, el mantenimiento y cuidado de este depósito ha sido permanente, lo que ha permitido que se mantenga en buen estado. Su existencia dio alivio a la población aronera hasta 1955, momento en el cual las Galerías del Milagro comenzaron a hacer brotar el agua con mayor continuidad, si bien los medios de almacenamiento continuaron siendo utilizados.

