El Hermano Pedro fue canonizado en Guatemala en el año 2002 debido a su labor como misionero en este país, al que acudió con apenas 23 años y en el que desempeñó toda una obra social y apostólica en el siglo XVII.
La Orden Betlemita, de la que el santo fue fundador, comenzó la construcción de una capilla en el lugar donde estuvo su casa natal, pero por cuestiones políticas de la época, las obras fueron paralizadas y retomada en la década de 1980, terminándose en el año 2002, coincidiendo con el año de canonización del Hermano Pedro.
Este santuario, en Tenerife, además del de Guatemala donde descansan sus restos, son lugares de peregrinación. En Vilaflor comienza la ruta que desciende hacia la Cueva del Hermano Pedro, donde el santo se refugiaba con su rebaño de los duros inviernos de la alta montaña. Es uno de los tres santuarios de peregrinación dedicados al culto al Hermano Pedro, junto a la propia Cueva del Santo cerca de El Médano y la Iglesia de San Francisco el Grande en La Antigua Guatemala, donde se encuentra su tumba.
En el interior de este santuario se conserva una reliquia con una vértebra del santo además de la campana que utilizaba para convocar a los fieles.
Se trata de un templo de una sola nave construido en piedra, en su interior se encuentra el altar mayor que alberga la imagen del Santo Hermano Pedro y de la Madre Encarnación Rosal, reformadora de la orden Betlemita en el siglo XIX.
En la parte central del retablo se encuentra, en altorrelieve, la escena de la Natividad de Jesús en Belén, tema central de la espiritualidad Betlemita.


