El Caserío de Las Vegas data del siglo XVI, siendo uno de los lugares donde se inició la colonización del territorio, cuando Gonzalo Suárez de Quesada construyó una pequeña ermita en una tierra fértil. Dicha ermita está dedicada actualmente a Nuestra Señora de la Esperanza. Las vegas son vaguadas de los barrancos que reciben abundante agua y materiales de las zonas altas, siendo muy fértiles.
Antiguamente se sembraba grano, papas, viñas, hortalizas y frutales. También se construyeron pasiles, que eran largas estructuras de piedras para secar la fruta al sol, sobre todo higos y tunos. En invierno se secaban en hornos y así tenían sustento durante todo el año. En esta zona también hay muchas construcciones para aprovechar, conducir y almacenar el agua. El Caserío de Las Vegas permite conocer de cerca las singulares características de la arquitectura tradicional canaria. Además, en las cercanías se encuentran los nacientes y las galerías que llevan agua hasta el sur de la isla. Este escenario natural incluye áreas de pinar canario, especies del sotobosque isleño como la jara y el escobón, así como especies vegetales endémicas isleñas de diferentes niveles y ecosistemas, como la tabaiba, verode y tajinaste en el entorno de este enclave que se sitúa de camino entre el litoral árido, las medianías y cumbres. Granadilla de Abona.
La Ermita Nuestra Señora la Virgen de la Esperanza se ha convertido en referencia para el inicio de rutas de trekking por el Caserío de Las Vegas, desde donde se enlaza con caminos empedrados y pistas forestales hasta alcanzar el Parque Natural de la Corona Forestal y el Parque Nacional del Teide.

