La construcción de El Calvario data de finales del siglo XIX (1877). Situada sobre un promontorio desde donde se divisa el Municipio, se trata de una edificación modesta, pero de un gran valor artístico e histórico. En un primer momento fue un sencillo muro, donde se elevaban las tres cruces, confirmando el lugar como una atalaya cargada de simbolismo que se acrecentaría durante décadas, germinando la idea de crear un pequeño santuario.
Su importancia arquitectónica viene dada por el aporte de cantería gris y rojiza que determina todo el conjunto, nada común en los Calvarios de Canarias, contrastando con los muros blancos y el ventanal que guarda la cruz y su figura, acabado en un arco de medio punto con cristales de distintos colores que sirven de contrapunto a los tonos de la cantería y el encalado de la fachada El Calvario sirve como espacio arquitectónico y teatral para la recreación de los valores catequéticos de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo.
Consta de una pequeña capilla cerrada de planta rectangular. Fachada simétrica con una clara intención de monumento funerario, con un único vano de arco de medio punto, cerrado por vitrina que acoge la imagen del Crucificado, una pieza articulada para convertirse en un ‘Señor Yacente’. El recinto está rodeado por un muro que limita el espacio al que se accede a través de un portalón que nos conduce hasta la capilla en un pequeño paseo guardado por cipreses.

