Muy cerca del pueblo de Adeje, apenas iniciado el sendero que recorre el cauce del Barranco del Infierno, nos encontramos en una de las curvas del camino con una estructura rocosa que invita al descanso, con unos pisos escalonados en los que se pueden sentar, y que se sitúan bajo la atenta mirada de un roque de basalto que sobresale para indicar que estamos en un lugar llamativo desde el que se aprecia una extraordinaria panorámica del sur de Tenerife.
Hay muchos topónimos en las Islas con este nombre, y algunos de ellos se especifican como Bailadero de las Brujas, que se interpretan como lugares en que bailaban las brujas. Aunque la motivación viene de una práctica de los aborígenes: «Cuando los temporales no acudían, y por falta de agua no había yerba para los ganados, juntaban las ovejas en ciertos lugares que para eso estaban dedicados, que llamaban el bailadero de las ovejas, e hincando una vara o lanza en el suelo, apartaban las crías de las ovejas y hacían estar las madres alrededor de la lanza dando balidos, y con esta ceremonia entendían los naturales que Dios se aplacaba y oía el balido de las ovejas y les proveía de temporales». Alonso de Espinosa a finales del siglo XVI. Luego el término Baladero de la toponimia canaria deriva por etimología popular de los baladeros guanches.
El Bailadero que posiblemente tuvo su origen en la costumbre aborigen, podría tratarse de un sitio espiritual o ceremonial que, tras la conquista, sería rechazado y perseguido por la nueva doctrina religiosa, de ahí que todos los actos que estuvieran al margen de esta y se les considerara como brujería y fueran perseguidos.



