La plaza de La Paz albergó el primer cementerio municipal y, aunque se haya trasladado el antiguo lugar de entierro, este espacio mantiene la quietud propia de los espacios para recordar a los familiares y personas que han fallecido, de ahí que uno de los primeros homenajeados por el municipio de Arona, Eduardo Domínguez Alfonso, quien fuera el primer presidente del Cabildo de Tenerife (cargo que ocupó desde 1913 hasta 1916), haya sido reconocido con un busto ubicado en esta plaza. Antiguamente, era habitual usar las iglesias como lugares de enterramiento por considerar los templos como lugares sagrados. A finales del siglo XVIII, velando por la mejora en la higiene y en la salud pública, se prohíbe el entierro en las iglesias, medida con la que, por otra parte, se restaba poder al clero.
En Arona no será hasta el segundo cuarto del siglo XIX cuando se construya el primer recinto funerario, pero debido a los riesgos que suponía para la población, tanto por su cercanía a las casas, como por el tipo de suelo existente, se levanta un nuevo Cementerio en Montaña Fría, debido al crecimiento urbano que ha vivido Arona, convertido en uno de los municipios con mayor población de la isla, con un gran auge turístico desde que en los años 50 fuera conocido por un grupo de suecos que decidieron establecer en la costa de Arona las instalaciones de Vintersol, un centro de salud pionero especializado en rehabilitación de pacientes con enfermedades neurológicas, reumáticas y traumas post accidentes.

